Hoy, 11 de junio, a la 1 de la tarde, México abre la Copa del Mundo frente a Sudáfrica en el Estadio Azteca, ahora llamado Estadio Ciudad de México, el único estadio del planeta que ha recibido tres partidos inaugurales, después de los de 1970 y 1986. Durante noventa minutos, el país entero va a mirar hacia el mismo lugar.
En este espacio suelo escribir sobre agua, economía y frontera, los asuntos que tenemos pendientes como estado y como país. Esos temas seguirán ahí mañana, y habrá tiempo de sobra para volver a ellos, porque no podemos perderlos de vista. Hoy prefiero detenerme en algo distinto, en ese sentimiento que solo un Mundial despierta y que nos da una razón para reunirnos. Hacer una pausa de vez en cuando, para celebrar y estar con los nuestros, también es parte de lo que nos sostiene como familias y como país.
En muchas casas el plan ya está armado, con la carne en el asador, la camiseta verde puesta, los niños correteando entre los adultos y el vecino que llega con la silla bajo el brazo.
Esas escenas se repiten al mismo tiempo desde Hermosillo hasta Mérida, en miles de patios y salas que hoy laten al ritmo de la misma jugada. Son los momentos sencillos que después uno recuerda con cariño, los que el abuelo cuenta a sus nietos cuando llega el siguiente Mundial y que se vuelven parte de la memoria de una familia.
Pocos acontecimientos logran reunir a México a la misma hora, y un partido de la Selección es uno de ellos. Soy hombre de béisbol, crecí en Sonora, tierra de novena y de estadio lleno los domingos, y aun así el fútbol me acompaña desde niño, desde aquellas tardes en que los mundiales se seguían por radio y la familia entera se juntaba alrededor del aparato, pendiente de cada jugada, para no perderse un gol. Hoy, hasta el estado más beisbolero del país se detiene para ver a la Selección.
Dos sonorenses en la zaga
La defensa central de México lleva acento sonorense, con Johan Vásquez, nacido en Navojoa, y César Montes, de Hermosillo, dos paisanos que se conocen desde los 10 años, cuyos padres son amigos, y que hoy pueden ser titulares juntos en la misma línea defensiva.
Es la primera vez que dos futbolistas nacidos en Sonora arrancarían juntos en la zaga de México en un partido mundialista, dos muchachos del noroeste que se formaron lejos de la capital y que esta tarde cuidan la portería de todo el país.
Esa imagen dice algo bonito sobre nosotros, porque el talento mexicano brota en todas partes, en Navojoa y en Hermosillo, en Tijuana y en Guadalajara, en cada rincón donde un niño encuentra una cancha y a alguien que confíe en él. Vásquez y Montes salieron de Sonora siendo jóvenes, dejaron su casa y trabajaron durante años para llegar a este momento, el mismo camino que recorre cualquier sonorense que se atreve a soñar en grande, en el deporte o en lo que decida emprender.
Para Sonora hay un orgullo especial en este partido, porque ver a dos paisanos defendiendo la portería de México, sabiendo de dónde vienen y lo que costó llegar, le da a la inauguración un sabor distinto. Cada balón que despejen lo vamos a sentir como nuestro, en esa clase de momento que junta a un estado entero frente al televisor, sin importar a qué equipo de la liga le va cada quien.
Lo que nos deja el Mundial
Un equipo funciona cuando cada quien cuida al de al lado y todos empujan hacia la misma portería, porque ninguna estrella levanta sola una Copa del Mundo. Este torneo lo organizan además tres países, México, Estados Unidos y Canadá, jalando parejo, y con él México se convierte en la primera nación en albergar tres mundiales, un orgullo que vale la pena celebrar sin complicaciones.
Por unas horas vamos a sentir lo que es ser uno solo, a gritar el mismo gol, a sufrir la misma jugada y a abrazar al de junto sin preguntarle por quién vota ni de dónde viene. Ese sentimiento es de lo más valioso que tenemos, y hoy lo vivimos en el fútbol, con la familia y los amigos, con la esperanza de que nos dure más allá del silbatazo final.
Por lo pronto, hoy toca disfrutar, porque México juega en casa y el país entero juega con él.
