Externalidades en economía, según el diccionario, es un efecto positivo o negativo que una actividad de producción o consumo provoca sobre terceras personas que no participan directamente en esa transacción ni en su precio de mercado.
Varias externalidades, para bien o para mal, surgen cuando tratamos acerca del crecimiento urbano durante el siglo XX y lo que va del XXI.
Una muy visible sin duda son las demográficas, pasar mundialmente de 1500 millones de habitantes en 1950 a más de 8 mil y fracción en la actualidad se dice fácil, más aún cuando se estima un cierre ciclónico para el 2050 de diez mil millones de habitantes, según Naciones Unidas.
Gran parte de dicho crecimiento poblacional se gestará en ciudades de todos tamaños ante un desplazamiento rural a menor escala.
No por nada las ciudades son responsables ya de un 70% de las emisiones de gases de efecto invernadero que explican no solo la calidad de vida sino el deterioro ambiental que conlleva.
Hacia dónde nos dirigimos, es una buena pregunta que deberemos sopesar en un momento de modernidad y nuevas tecnologías que nos deben ayudar a consolidar ciudades habitables.
A estas alturas, a nadie escapa escuchar acerca de externalidades negativas como los efectos del clima, la contaminación del aire, el estrés hídrico, los incendios forestales y un largo etcétera.
Veamos por ejemplo a Canadá uno de los países más grandes en extensión territorial y casi vecino que ha venido resintiendo devastadores incendios forestales sea por los efectos del calentamiento global o bien el fenómeno del niño en el pacífico.
Todo esto y más obliga nuevos modelos de planificación urbana que respondan a estos desafíos ya que lo que antes era extremo de suceder ahora es recurrente.
Luego entonces, necesitamos generar una conciencia colectiva junto con un cambio de mentalidad en el estilo de vida ya que hoy sí hay maneras de medir sus impactos.
Hablar de propuestas innovadoras para repensar el futuro de las ciudades acompañadas de conceptos como la proximidad, las distancias cortas, las áreas policéntricas es el camino a seguir si queremos una visión urbana centrada en las personas y no en los automóviles.
Pensar en vecindarios compactos bien conectados o en áreas más densificadas con construcciones verticales que reorganicen el espacio urbano es la fórmula para avanzar hacia entornos más sostenibles.
Para el caso de Hermosillo, su densidad poblacional por km2 debe ser atendida dado el excesivo crecimiento de la mancha urbana, dado que es muy variable tanto en el centro como en la periferia.
En el centro de Hermosillo y sus colonias aledañas la densidad por km2 oscila entre 3 mil y 6 mil personas lo que se considera de media a alta densidad a diferencia del norte, sur o poniente de la ciudad.
En el caso del norte, cada vez más poblado su densidad es muy variable a veces va de media a alta densidad lo cual tiene fuertes implicaciones para la prestación eficiente de servicios públicos o el transporte de personas.
Hoy más que nunca la expresión la ciudad de los 15 minutos se hace necesaria y recurrente como un concepto holístico y multidisciplinario para abordar los desafíos cotidianos.
Como dijera el pensador Edgar Morin, “estamos en la ciudad y la ciudad está en nosotros, dentro de cada uno de nosotros”.
HE DIXI.