La violencia en Sonora ha cruzado un umbral alarmante: menores de apenas 8 y 9 años están siendo incorporados a las filas del crimen organizado, en una práctica que revela la profunda degradación social y humanitaria que vive la entidad.
Lo que antes parecía propio de escenarios de guerra en otros países hoy se manifiesta como una crisis local, silenciosa y devastadora.
Marco Antonio Paz Pellat, vocero del Comité Ciudadano de Seguridad Pública de Sonora, advirtió que este fenómeno es consecuencia directa de la presión ejercida por las fuerzas de seguridad contra los grupos criminales.
Las detenciones y bajas registradas han generado, explicó, un déficit de integrantes en estas organizaciones, que ahora buscan reemplazos en los sectores más vulnerables, que son la niñez y la adolescencia.
Aunque no existen cifras oficiales precisas, debido al temor de las familias a denunciar, el monitoreo ciudadano y el análisis de redes sociales han permitido identificar un patrón recurrente de captación.
Las bandas delictivas utilizan plataformas digitales para difundir supuestas ofertas de empleo con sueldos elevados, prestaciones poco realistas y descansos atractivos, camuflando actividades ilícitas bajo perfiles laborales comunes.
El engaño culmina cuando los menores o jóvenes acuden a entrevistas y son retenidos contra su voluntad, iniciando un ciclo de explotación y violencia del que resulta extremadamente difícil salir.
La precariedad económica y la falta de oportunidades se convierten en el anzuelo perfecto para estas promesas falsas de prosperidad.
Ante este escenario, Paz Pellat hizo un llamado urgente a madres, padres y tutores para reforzar la vigilancia y el diálogo con niñas, niños y adolescentes, especialmente sobre los riesgos del entorno digital.
También exhortó a la ciudadanía a denunciar cualquier oferta sospechosa, con el objetivo de frenar una práctica que amenaza con arrebatarle el futuro a toda una generación.
