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INVERSIÓN EXTRANJERA DIRECTA CRECE, MÁS CREMA A LOS TACOS 

por German Lohr Granich

Interesante ver los encabezados recientes donde se festina que México logra cifra histórica de inversión extranjera directa (IED) en 2025, de 40 871 millones de dólares de cara a la revisión del TMEC. 

La secretaria de Economía de Marcelo Ebrard menciona un crecimiento del 10.8% respecto al 2024, nada mal dado los tiempos difíciles por los que pasan varias economías en desarrollo, como la nuestra, que no tuvieron tanta suerte y mostraron caídas del 2% en ese rubro. 

Ahora, la neta del planeta, dirían los más jóvenes, es que el flujo real impulsado por nuevas inversiones solo ascendió a 7 mil 378 millones de dólares ya que no debemos olvidar que entre un 67 y 70 % del monto total es de reinversión de utilidades de empresas que ya operan en el país desde hace décadas. 

Para que vean que hay maneras de manipular la información y los datos estadísticos, eso ni dudarlo en el sexenio de la 4T cuya continuidad han sido más ruido que nueces. 

Pero bueno, nada nuevo bajo el sol en materia de IED, dado además lo inexorable del origen y destino territorial centralizado de las inversiones que siguen descansando en los estadounidenses, canadienses y españoles para variar. 

Un destino de la inversión donde tan solo la Ciudad de México se agencia el 55% de la misma, seguida por Nuevo León 8.9%, y Estado de México 8%, es decir, 4 o 5 entidades junto con Querétaro concentran más de ¾ partes del pastel. 

Ahora bien, sería un lujo contar con ese mapa de inversiones en el resto del territorio muy olvidado por cierto por el capital nacional y extranjero, mínimo con información por sectores estratégicos y analizar áreas de oportunidad del nearshoring o que cadenas de suministro valen la pena impulsar. 

Al mismo tiempo, sería recomendable conocer cómo le va al sector energético en cuanto a inversiones en energías limpias, agua e infraestructura, aduanas y carreteras no se diga en renglones sensibles como la minería y las manufacturas con tanto relajo institucional, jurídico y regulatorio. 

Con ello, tendremos una radiografía de cómo se ha comportado la inversión pública y privada, cuya atonía nos tiene en la lona aun con los encabezados triunfalistas en el desolador panorama de la extorción y el cobro de piso. 

Eso de echar las campanas a vuelo en un país con años de vacas flacas, donde no llegamos al bendito 2% del PIB neoliberal tan criticado y que, guste o no, gracias al TMEC y su motor las exportaciones nos mantienen de pie. 

Vivimos, es cierto, tiempos de incertidumbre en un sector industrial y de la construcción sin rumbo claro muy a pesar del Plan México y el esquizofrénico manejo arancelario de Trump. Aun así, nuestro sector primario también nos ha salvado de caer en tasas negativas. 

Según el INEGI, el IGAE, indicador global de la actividad económica, el sector primario ha crecido a tasas anuales del 11.4% a diferencia del industrial 1.5% y las terciarias con el 2.2%. 

Ojalá más pronto que después, el Plan de Inversión en Infraestructura para el Desarrollo con Bienestar 2026-2030, tan cacareado por la 4T empiece a cuajar al proyectar una cartera de inversiones de 1500 proyectos que para el 2030 acumularían 5.6 billones de pesos. 

Según datos oficiales, dichos montos permitirían tasas del PIB del 3% en promedio, siempre y cuando se gaste bien en aduanas, carreteras, infraestructura etc., y no tanto en trenes o refinerías. 

Mucho trabajo en el frente interno desde varios ángulos empezando por mejorar nuestra competitividad y confianza. 

HE DIXI. 

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