La reciente reducción de la calificación soberana de México por parte de Moody’s responde a un deterioro gradual de las finanzas públicas que ha erosionado una de las fortalezas históricas del país frente a economías similares, advirtió Renzo Merino, vicepresidente y analista senior de la agencia.
Durante su participación en el podcast Norte Económico de Banorte, el especialista explicó que la nota pasó de Baa2 a Baa3, el último peldaño dentro del grado de inversión, debido a que el ajuste del déficit fiscal ha sido más lento de lo previsto en un entorno de bajo crecimiento y mayores presiones de gasto.
El analista señaló que, aunque el gobierno ha intentado fortalecer la recaudación y contener el gasto en 2025, parte de esos esfuerzos se han visto compensados por apoyos a Pemex, lo que ha limitado la mejora de las cuentas públicas.
“Lo que hemos visto, sobre todo a partir del año 2023, es que con este deterioro de las métricas del gobierno, ahora el perfil crediticio por el lado fiscal de México se ve más alineado con sus pares de Baa”, explicó.
De acuerdo con Moody’s, el déficit del gobierno federal y la seguridad social pasó de 5.3% del PIB en 2024 a 4.9% en 2025, una reducción menor a la anticipada. En paralelo, la deuda pública ha mostrado una trayectoria ascendente, al pasar de 40% del PIB en 2023 a cerca de 50% en 2025, con una proyección de hasta 55% hacia 2028.
El incremento del costo financiero de la deuda también encendió alertas. Actualmente, el gobierno destina alrededor de 17% de sus ingresos al pago de intereses, una proporción significativamente mayor al 10–11% observado en 2021, lo que reduce el margen presupuestal para rubros como salud, educación e infraestructura.
Merino añadió que el debilitamiento de la disciplina fiscal desde 2023 y el incumplimiento de ciertas reglas históricas han afectado la previsibilidad de los ajustes futuros, elevando la percepción de riesgo.
Pese a la rebaja, Moody’s mantuvo una perspectiva estable para México, al destacar fortalezas como su economía diversificada, la integración con Estados Unidos, la solidez institucional y la credibilidad del Banco de México.
No obstante, la agencia advirtió que un crecimiento persistentemente débil o mayores presiones sobre Pemex podrían generar nuevas revisiones a la baja en el mediano plazo.