No es realismo mágico ni mucho menos, pero nuestro país dada sus características geográficas y climáticas, es de los más vulnerables en el mundo en cuanto al tema del cambio climático.
Si por siglo el mundo se calienta 2 grados Celsius, nosotros, según la UNAM, lo hacemos en 3.2, superando el 1.5 como límite establecido en el acuerdo de París.
Luego, entonces, la pregunta obligada es: ¿Cómo enfrentamos el cambio climático?, pues bien, nuestras autoridades tienen la palabra con la promulgación de leyes y decretos, no se diga acuerdos internacionales y, por supuesto, acciones concretas en cuanto a mitigación y adaptación.
Contamos, para empezar, con una ley general de cambio climático que busca, de entrada, reducir las emisiones de gases contaminantes, al igual que promover la educación y la innovación tecnológica.
Al mismo tiempo, estamos unidos a dos acuerdos internacionales como el protocolo de Kioto y el acuerdo de París, cuyo compromiso global es el desarrollo sostenible que garantice un medio ambiente sano.
Estamos así comprometidos como país a reducir la vulnerabilidad de la población y sus ecosistemas, lo cual, resulta del todo positivo, pero una cosa es lo macro y otra la realidad cotidiana.
Nosotros, acá en Sonora, vivimos con gran intensidad el calor y en los últimos años, la sequía, las presas vacías, no se digan los tandeos, ya que los ciclones no llegan, sino que pasan de largo.
Si México es de los países que se calientan más rápido en el mundo, qué podemos decir de Sonora con calores extremos o lluvias heterogéneas y escasas.
En la segunda quincena de junio ya traemos 48 grados centígrados en Hermosillo y apenas comienza el calvario de siempre y de por siempre, porque de que llueve menos y hace más calor ni dudarlo, hay consenso.
Los números oficiales de más de 100 años 1901-2021 y los tres últimos, como muestra nos ponen en esta tesitura y la prioridad del uso, cuidado del agua y su manto freático no ha sido la prioridad número uno en todo el territorio.
Desde hace décadas, se nos ha caído la precipitación anual y cada vez son más largos los periodos de sequía y, para colmo, sumándose más días de calor por año.
Justamente, esto nos ha traído el cambio climático y ya va siendo hora que tirios y troyanos nos sumemos y pongamos más atención en lo que se hace, lo que no y lo que se piensa hacer también en esta asignatura pendiente.
Es hora de que los gobiernos de la 4T nos den datos duros, no otros datos acerca de la transición energética, las emisiones de gases de efecto invernadero, las metas y las rutas, los presupuestos asignados, los recursos del fondo de desastres naturales, etc., etc.
No olvidemos que, hace años, en París, nos comprometimos a aumentar del 22 al 35% la reducción de emisiones, la captura de gas metano en Pemex, el aumento de las áreas protegidas, la deforestación y el programa sembrando vida, vaya que hay mucho que conocer y comparar.
En cuanto al cambio climático en Sonora y su relación con el campo sonorense, las consecuencias son profundas y cada vez es más necesario incorporar nuevos estudios acerca del patrón de cultivos de granos, la frontera agrícola de perennes, la menor producción y rendimiento en algunos cultivos, el mal uso del agua y las concesiones, etc.
Mayor dependencia alimentaria, nuevos aranceles comerciales, precios internacionales, dumping, en fin, muchos temas acompañan para bien y para mal el asunto del cambio climático.
HE DIXI
