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VIVIENDA CARA AQUÍ, ALLÁ Y ACULLÁ 

por German Lohr Granich

No solo en México nos encontramos actualmente con vivienda y alquiler caro, lo está también el resto de la América Latina al igual que Europa o los Estados Unidos, nuestros vecinos distantes. 

Somos pues, compañeros del mismo dolor cuando de rentar o comprar casa se trata, ya que esta se ha venido encareciendo después de la pandemia cuando se dispararon los insumos para la construcción 

Vivimos, entonces, una etapa donde la oferta de vivienda es poca y cara acompañada de un poder de compra muy mermado en esa carrera de los precios y salarios. 

Al no haber dinero que alcance, seguimos pateando el bote para enfrente, tanto al comprar como alquilar vivienda, ya que en promedio para rentar se necesitan por lo menos tres salarios mínimos en 16 de las 17 principales ciudades de la América Latina. 

Entre renta o pago de hipotecas más servicios públicos en agua, luz, gas, etc., gastamos, si bien nos va, arriba del 30% de nuestros ingresos familiares y a veces hasta el 50%. 

Una vivienda promedio en el país anda arriba de dos millones en ciudades medias con hipotecas que rondan entre el 9 y 13% y enganches típicos entre un 10 y 20%, de tal manera que se requiere ganar no menos de 50 mil pesos para pagar mensualidades de 17 o 20 mil pesos. 

Con salario y sueldos bajos, alta informalidad en el empleo el crédito hipotecario llega a muy poca gente y sin apoyo o subsidio gubernamental no hay muchos desarrolladores que se animen a construir a no ser para segmentos residenciales y de lujo. 

Ahora bien, en países desarrollados como nuestros vecinos del norte la asequibilidad de la vivienda y el alquiler también presenta problemas por lo caro y por lo escaso de la misma, sobre todo en grandes ciudades. 

Ciertamente, disponen de mayores ventajas que nosotros en términos de ingresos disponibles, enganches más flexibles y mejores tasas y plazos, pero aun así tienen problemas para adquirir y rentar. 

Según estudios de la universidad de Harvard, tres de cada 10 inquilinos dedican más del 30% de sus ingresos disponibles al arrendamiento en más de 22 millones de hogares severamente agobiados por los costos. 

Dicha situación se ha venido agravando después de la pandemia para la mayoría de la clase media, sumándose los altos costos en alimentos, gasolina y muchos servicios como educación, salud y transporte. 

Vaya reto para los distintos gobiernos obligados más que nunca a repensar sus políticas de construcción de vivienda en todo el territorio. 

En el caso de los gobiernos locales se han dado a la tarea de replantear las leyes de zonificación al igual que varios incentivos para que los desarrolladores se aboquen a construir viviendas esperando también que haya incentivos fiscales federales que detonen esta rama. 

La mayoría de los interesados advierte que el costo de la inacción o el hacer dejar pasar no trae nada bueno al provocar mayor inestabilidad, no se diga amenazas al bienestar de millones de personas. 

Algo por el estilo deberíamos estar pensando en el país, ya que el gobierno federal no podrá solo con el paquete a través de INFONAVIT Y CONAVI porque son insuficientes para resolver nuestro déficit habitacional. 

HE DIXI. 

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