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¿Debemos seguir creyendo en la democracia y los partidos?  

por Remy Martínez Cantú

Por Dr. Remy Martínez-Cantú  

En la última década, la democracia —ese ideal de gobierno del pueblo y para el pueblo— ha enfrentado un declive de su apreciación y una acelerada erosión de sus principios a nivel mundial.  

La tendencia, lejos de frenar, se profundiza: el nivel de democracia para el ciudadano promedio global ha retrocedido a niveles vistos por última vez en 1985.  

El mundo tiene ahora más autocracias (91) que democracias (88), una inversión total de la situación de hace un año.  

El dato más impactante es que casi tres de cada cuatro personas en el mundo (72%) viven ahora en autocracias. Esta es la cifra más alta registrada desde 1978.  

La “tercera ola de autocratización” sigue en ascenso después de 25 años, y se caracteriza por una alarmante pérdida de libertades: 

La libertad de expresión se deteriora en 44 países en 2024, un aumento significativo respecto al año anterior. El aspecto más atacado por los gobiernos es el esfuerzo de censura gubernamental de los medios, que ha aumentado de forma sustancial y significativa en 44 países en la última década. 

La calidad de las elecciones limpias está en declive en 25 países. 

Esta crisis de confianza global no es ajena a nuestra región. En América Latina y el Caribe, el informe V-Dem señala una tendencia de debilitamiento democrático , impulsada por procesos de autocratización en países influyentes. 

La valoración de la democracia en México: En la zona gris 

México, que en los últimos 25 años logró la alternancia y transitó hacia una democracia electoral, se encuentra en una posición preocupante.  

Según el análisis de V-Dem, México se clasifica como una “democracia electoral en la zona gris” (ED-).  

Esta categoría se aplica a países que están cerca del umbral que separa la democracia de la autocracia, lo que genera incertidumbre sobre la clasificación de su régimen.  

El informe destaca que el país atraviesa un proceso de autocratización en curso (o regresión democrática), que se aceleró dramáticamente en los últimos tres años.  

La trayectoria negativa comenzó en 2019, y por el impacto de su numerosa población, México es uno de los países que impulsan el declive democrático en la región. 

Los indicadores clave del deterioro en México son: 

El debilitamiento de las restricciones judiciales al ejecutivo. 

El fortalecimiento de la influencia militar en asuntos civiles. 

La disminución del compromiso de la sociedad en los debates sobre políticas y la capacidad de consulta a nivel de élite, indicadores de la deliberación democrática, que empeoraron significativamente durante la última década. 

Esta combinación de factores hace que el estatus de México como democracia sea incierto al cierre de 2024. 
 
La crisis de los partidos políticos y sus tres defectos 

El descontento con la democracia se canaliza a menudo hacia sus operadores directos: los partidos políticos, cuya crisis de confianza alimenta el sentimiento de que el sistema no funciona.  

Identificamos tres grandes defectos estructurales que alimentan esta desconfianza en el contexto mexicano y global: 
 
1. Falta de representatividad interna 

Muchos partidos fallan al ser verdaderas correas de transmisión de las demandas sociales, ya que sus procesos internos (como las primarias o la selección de candidaturas) carecen de mecanismos democráticos abiertos y transparentes.  

Esto lleva a que la selección de líderes y candidatos recaiga en pequeñas élites, lo que produce una sensación de que la voz ciudadana no cuenta. 
 
2. Liderazgos permanentes o hiper-influyentes 

La existencia de líderes partidistas “eternos” o con una influencia desproporcionada frena la renovación de cuadros y la emergencia de nuevas visiones.  

Esta concentración de poder personaliza excesivamente la política, debilitando la institucionalidad del partido y haciéndolo vulnerable a las agendas individuales. 
 
3. Pragmatismo ideológico y el “Sistema Camaleónico” 

Los partidos se han convertido en meras siglas y colores con poca coherencia ideológica real.  

El pragmatismo ideológico se impone a la doctrina, llevando a alianzas y coaliciones que, si bien son legítimas en la negociación política, son percibidas como traiciones a sus principios. 

Esto da lugar al “sistema camaleónico”, donde los cuadros políticos se mueven de una sigla a otra en busca de una mejor oportunidad electoral.  

La falta de anclaje ideológico y lealtad a un proyecto a largo plazo socava la representatividad social al dificultar que los votantes identifiquen un partido con una visión del país clara y constante. 
 
El valor ineludible de la democracia: El mejor de “Todos los demás” 

A pesar de sus defectos y costos, la democracia sigue siendo el mejor sistema, superior a la autocracia que ha crecido globalmente.  

Su principal valor no es la eficiencia, sino su capacidad para generar legitimidad.  

A través de la multirepresentación política, la democracia asegura que las decisiones incorporen diversas voces sociales y regulen el conflicto.  

La falta de legitimidad institucional lleva a la opresión y la protesta violenta. La democracia actúa como una válvula de escape institucionalizada para el descontento, previniendo el caos.  

Los sistemas autocráticos, aunque aparentemente eficientes, anulan la multirepresentación, se vuelven ciegos a los errores y sordos a las minorías, ofreciendo una paz basada en el silencio o la represión.  

En el contexto actual, defender la democracia en México es proteger sus contrapesos, instituciones y la posibilidad de cambio sin violencia. 

En el contexto actual de declive global, la defensa de la democracia en México es la defensa de sus contrapesos, sus instituciones y, sobre todo, de la posibilidad de que el ciudadano pueda cambiar el rumbo y a sus gobernantes sin recurrir a la violencia.  

Ese es el valor inestimable que el país debe proteger y profundizar. 

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