Rigoberto López Mendoza, alias “El Pantano”, señalado como el encargado del cobro de las extorsiones a los limoneros del Valle de Apatzingán, fue detenido este lunes por fuerzas federales como uno de los presuntos responsables del asesinato del líder limonero Bernardo Bravo Manríquez.
De acuerdo con fuentes federales de Seguridad, López Mendoza sería autor intelectual del homicidio de Bravo Manríquez.
Al momento de su detención portaba tres credenciales, dos licencias de conducir y otra de la Asociación de Citricultores del Valle de Apatzingán.
Este hombre es identificado como jefe operativo del cobro de cuotas de extorsión a los citricultores para la célula delictiva de Los Blancos de Troya, aliados de Los Viagras y del Cártel Jalisco Nueva Generación.
Originario del municipio de Aguililla, operaba desde la localidad de Cenobio Moreno, donde se presume que fue torturado y asesinado Bernardo Bravo Manríquez.
Se espera que en las próximas horas el gobierno federal dé detalles de esta captura.
Bernardo Bravo: “emprendedor y orgullosamente limonero”
Bernardo Bravo Manríquez, empresario agrícola, líder sindical y defensor de los derechos de los productores de limón en Michoacán, fue asesinado este lunes.
Nacido en Apatzingán, provenía de una familia dedicada al cultivo de cítricos y se describía a sí mismo como un “emprendedor y orgullosamente limonero”.
Estudió en la Facultad Libre de Derecho de Monterrey y se desempeñaba como presidente de la Asociación de Citricultores del Valle de Apatzingán, así como del Comité Nacional Sistema Producto Limón Mexicano A.C.
Estaba casado y residía en la región, donde era una figura clave en el sector citrícola.
Bravo era reconocido por su lucha contra la extorsión y las amenazas del crimen organizado que afectaban a los agricultores de la zona, denunciándolas públicamente en redes sociales y exigiendo acciones concretas de las autoridades para proteger la actividad productiva y la economía regional.
También encabezó gestiones para mejorar los precios del limón y regular los días de corte, con el fin de evitar la sobreproducción que perjudicaba a los campesinos.
Debido al alto riesgo que enfrentaba, se desplazaba en una camioneta blindada con escoltas y en ocasiones se resguardaba en Morelia.
Trágicamente, Bernardo Bravo fue asesinado el 20 de octubre de 2025, cuando su cuerpo fue encontrado con signos de violencia al interior de su vehículo en la carretera Apatzingán–Presa del Rosario, cerca de la comunidad de La Tinaja (o Los Tepetates, según reportes).
La Fiscalía General del Estado de Michoacán confirmó el homicidio, atribuido a un grupo armado, en un contexto de violencia persistente contra líderes del campo en la entidad. Su muerte ha sido lamentada por figuras políticas y del sector agrícola, que lo describen como un hombre valiente y comprometido con las causas del campo.
Su muerte, presuntamente ligada a sus denuncias públicas contra redes de “cobro de piso” por grupos como Los Viagras (aliados del Cártel Jalisco Nueva Generación), ha exacerbado la vulnerabilidad económica, psicológica y operativa del gremio.
