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¿Dónde anda Napo? 

por Roberto Pogués

Por Roberto Pogués

¿En qué rincón del mundo estará escondido (a todo lujo, eso sí) el flamante diputado con licencia Napoleón Gómez Urrutia? 

Desde que pidió licencia a principios de septiembre, “Napito” no ha vuelto a asomar por tierras mexicanas ni la punta de un casco minero de los que, por cierto, jamás se ha puesto. Y vaya que motivos para presumir “victorias” no le han faltado. 

Dicen, porque en el gremio de los mineros nadie confirma, solo se rumora, que anda en la ciudad de Londres visitando a viejos amigos.  

Otros aseguran que está disfrutando de quesos y vinos en España, celebrando con alegría líquida alguna conquista laboral.  

Total, si algo se le ha reconocido a lo largo de los años es su gusto por darse buena vida con el dinero de otros. No es percepción: es fama pública. Y en política, la fama pesa más que cualquier expediente. 

Porque, claro, uno pensaría que después de que tribunales ordenaran a la Unidad Minera Tizapa pagar salarios caídos y reparar presuntas violaciones contractuales, el líder sindical y legislador morenista estaría dando conferencias de prensa, haciéndose selfies con los mineros, presumiendo músculo laboral. Pero no: Napo brilla por su ausencia y su silencio. 

Tampoco apareció para hacerle ruido al fallo judicial que, según sus abogados, benefició a su sindicato en un supuesto conflicto con Grupo México por la mina San Martín, en Zacatecas.  

Dieciocho años de huelga ininterrumpida, dicen sus obedientes fieles, pero justo cuando un tribunal colegiado rechaza un recurso de inconformidad que buscaba darla por terminada, Napito… desaparece. 

Y aquí es donde la especulación, esa herramienta indispensable para el columnista, empieza a trabajar horas extras.  

¿Será que la presidenta Claudia Sheinbaum le sugirió no hacer olas en el ya de por sí contrariado sector minero? ¿O será que quien recibió como herencia un sindicato minero prefirió bajarle a la exposición ahora que la Suprema Corte, la de antes, claro está, le recordó que cuanto antes debe pagar 55 millones de dólares correspondientes al 5 por ciento de la venta de Mexicana de Cananea y que les quitó a los extrabajadores de la mina?  

La justicia tardó 18 años, pero llegó, y Napito evitó estar aquí para encontrarse con ella. 

Porque nadie puede negar que el dirigente sindical ha demostrado constancia. Constancia para detener proyectos productivos y extorsionar a empresarios, constancia para el control vertical y autoritario de un sindicato que es llamado ahora a abultar mítines de Morena, constancia para intentar construirse la imagen pública de un luchador social que nunca cuaja porque, una y otra vez, es pillado en la vida de millonario que se dan su familia y él con el dinero que no repartió entre sus verdaderos dueños. 

Por lo pronto, la pregunta persiste: ¿por qué se fue Napoleón Gómez Urrutia? ¿Dónde está? ¿En Londres? ¿En España? Por ahí van los rumores, pero vaya usted a saber. Lo que sí es seguro es que, dondequiera que esté, no es donde debería: dando la cara y pagando lo que debe. 

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