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EL FUTURO DEL TRABAJO, CONTINUACIÓN 

por German Lohr Granich

Mi artículo anterior acerca del futuro del trabajo cada vez más parcial y temporal que formal se ve enriquecido con nuevas aportaciones acerca de la tecnología que sigue su marcha inexorable. 

Las viejas estructuras tradicionales y también la cultura organizacional van mutando independientemente de que el talento humano surgido de nuestras aulas esté obsoleto o no vaya a la par. 

Estimaciones recientes aseguran que entre el 2030 a la vuelta de la esquina y el 2040, quizá más del 50% del mercado laboral habrá de transformarse gracias a la inteligencia artificial (IA). 

Para bien y para mal, menos horas trabajadas, menos puestos de trabajo, mayor productividad laboral, nuevos roles y patrones que afectan ya nuestra demanda agregada y cuestión no menor el ingreso de las familias. 

En este tenor, recomiendo ampliamente la revista Expansión de este mes de febrero, donde Iván Franco, consultor de negocios, nos habla acerca del quiebre del modelo económico. 

El consultor sostiene que en este periodo 2030-2040 presenciaremos el agotamiento del modelo económico que durante siglos vinculó el trabajo humano, el ingreso y la estabilidad social. 

La tecnología, sostiene el autor, está rompiendo el modelo y el contrato económico, ya que por primera vez empieza a funcionar sin gente como factor productivo esencial. 

Es decir, la IA aparte de ser una herramienta que aumenta la productividad y disminuye las horas-hombre, ahora es capaz por sí sola de producir bienes y servicios a gran escala. 

De ahí viene la pregunta de qué va a pasar con el consumo, con la demanda y con el ingreso de las personas, vaya paradoja o “parajoda”, dirían los menos optimistas. 

En este sentido, no queda de otra que rediseñar las reglas del mundo laboral donde el trabajo en general deja de ser el mismo para todos cobrando sin duda presencia el ingreso universal, dirían mis colegas economistas. 

Según el autor, el problema ya no es solo la tecnología sino cómo se reorganiza la vida cuando el empleo deja de ordenar el ingreso, el tiempo y la identidad. 

Más gobernanza económica, dirán los que saben, con nuevas reglas y gobiernos eficaces es lo que viene, léase además políticos capaces y líderes empresariales tan oportunos y necesarios. 

En este orden de ideas, el colega Jorge Suarez Vélez, en su reciente columna de Reforma intitulada Voluntarismo Inocente, nos habla del papel y el rumbo del país respecto a la competencia en la atracción de inversiones. 

Lo que México debe hacer y no hace, sostiene el colega con justa razón, es invertir en centros de datos, energías limpias, sistemas de enfriamiento, redes de transmisión etc., inversiones que por sí solas el gobierno no puede desarrollar, para empezar porque no le alcanza. 

Los nuevos inversores a nivel mundial están preocupados y ocupados ahora por ampliar el desarrollo tecnológico, la reconstrucción de países en guerra o la seguridad mundial donde buscan invertir en grandes cantidades. 

Pero, bueno, para finalizar diré que no se debe subestimar el progreso tecnológico como tampoco sus consecuencias en materia de empleo y tiempo de ocio. 

Sin duda, hay que moderar y moderarse en las redes sociales y ante la pantalla del celular, IPAD, etc., ya que hay que preservar la fortaleza mental.  

El punto no es negar el progreso tecnológico ni el mundo digital sino impedir que nos devore. 

HE DIXI 

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