Sería bueno que los padres de familia de los alumnos aspirantes a ingresar a la Universidad de Sonora se tomaran un poco más de tiempo para analizar la situación de la institución, en vez de dejarse utilizar para engordar causas que no son las de ellos.
Si bien, es cierto que los maestros tienen una bocina poderosa que prestan ahora a los alumnos “rechazados” por la Unison, también lo es que los intereses del sindicato de académicos no son los mismos que los de esos muchachos y sus padres.
La universidad tiene limitaciones, como todas las instituciones de educación superior. Al menos aquellas que buscan la excelencia académica.
Son limitaciones muy simples: de presupuesto, de espacio, de tiempo y de personal.
¿O acaso los maestros estarían dispuestos a trabajar turnos nocturnos para atender a esos alumnos que ahora defienden?
Deberían tomar las cosas con más calma.
PUES, QUE HAY CÉLIDA PARA RATO
Genio y figura, Célida López Cárdenas dijo ayer que había Célida para rato.
Aunque no sabemos si ahí donde está o en otro lugar.
Ayer pudimos escuchar la entrevista que la colega Soledad Durazo le hizo a la secretaria de Agricultura del Gobierno del Estado en su noticiero de Radio Fórmula, en donde abordó la reciente reapertura de la frontera para el paso del ganado mexicano a territorio estadounidense.
Y claro que dio información interesante.
Pero fiel a su estilo, en algún momento soltó la frase “hay Célida para rato”.
Y para efectos del comentario político, eso resultó interesante.
Y no lo dudamos, es cosa de seguirla observando. Tenemos la impresión de que sabe bien dónde está parada.
La duda es si quiere seguir parada donde mismo.
Y EN LA UGRS
Total, que el anuncio hecho por las autoridades federales de Estados Unidos sobre la reapertura de la frontera para el paso de ganado mexicano es un avance… pero pequeño.
El presidente de la Unión Ganadera Regional de Sonora, Juan Ochoa, ha explicado ya los alcances del anuncio.
Y desde luego que no los minimiza, pero hay que darles la dimensión correcta.
Abrir el cruce de Agua Prieta es un buen paso, pero la cantidad de ganado que se puede pasar por ahí en un día, algo así como 900 animales, no ayuda mucho a terminar con el rezago de cien mil cabezas que dejaron de pasar desde que se cerró la frontera.
Y todavía falta ver qué pasará con el cruce de Nogales, para lo cual, no hay fecha.
Digo, ya se le avanzó al tema y hay que reconocer eso, pero es un gotero frente al cuello de botella que se les hizo a los ganaderos sonorenses, que sin deberla ni temerla están sufriendo las consecuencias.
