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Justicia Emplumada 

por Roberto Pogués

Por Roberto Pogués 

Septiembre inició entre el humo de copal y las plegarias a los dioses de roca que acompañaron la llegada de los nuevos ministros purificados por Quetzalcóatl, aunque bien harían ellos en pensar dos veces, hincados en su ritual, si la serpiente emplumada atenderá sus plegarias a la hora de impartir la nueva justicia en México.  

Y es que se dice, porque es imposible saberlo con seguridad, que cuando más lo necesitaban, Quetzalcóatl le dio la espalda a su gente y salió huyendo. 

Cuenta la leyenda que, engañado y vencido por la magia de su hermano Tezcatlipoca, Quetzalcóatl salió corriendo y tomó rumbo hacia el mar con la supuesta promesa de regresar algún día. 

Con su escape, el también llamado Kukulcán dejó a los habitantes de su tierra en manos del sanguinario Dios que exigía sacrificios humanos. 

Siglos después, los nuevos ministros de la Suprema Corte, los primeros electos por voto popular y a ritmo de acordeón, se arrodillan ante el huidizo Quetzalcóatl para pedirle que guíe y santifique su encargo como juzgadores. 

Total, algo sabrá el nuevo presidente de la judicatura, Hugo Aguilar, de eso de abandonar a su gente, pues se sabe que, cuando él encabezó las consultas indígenas para la construcción a media selva del Tren Maya, sus afanes fueron orientados a agradar al Palacio de Tenochtitlán, pero no a las comunidades mayas. 

Tan solo hay que recordar que en 2020 un grupo de seis relatores especiales de la ONU hicieron visibles denuncias por “hostigamiento contra quienes requirieran más información, mayor tiempo para su decisión o expresaran su disconformidad” frente a la magna obra del sexenio pasado que no se descarrila jamás, pero suele padecer recurrentes “percances de vía”. 

Así empieza pues esta nueva era de la justicia en México, con un fuerte aroma a incertidumbre flotando en el aire y la promesa de que habrá mares de reivindicaciones pendientes desde algún lejano momento de la historia. 

Y este es el misterio, tan grande como la existencia propia de Quetzalcóatl, que nos trae este mes de la Independencia: ¿más allá del patriotismo indigenista de ocasión, funcionará y será razonablemente seria e independiente la nueva Suprema Corte? 

Por ahora, es difícil hallar evidencia de que los nuevos jueces le darán al país la certeza jurídica necesaria para las inversiones y el desarrollo de la economía, la industria y los negocios que tanto urgen a México en nuestros días. 

Posdata 

Pero también puede ser que estemos equivocados o cegados por la falta de fe, y en una de esas los dioses de plumas y piedra nos sorprenden y con un milagro ejemplar, como el de que Pemex junte suficiente dinero para pagarle por fin a sus maltratados proveedores. 

La situación en la petrolera es tan delicada que, en junio pasado, la paraestatal reportó que tenía una deuda de 430 mil millones de pesos. Con esos números, se van a necesitar más que copal, incienso y ramas para remontar la fuerte caída de la producción de crudo, los gastos improductivos y la ordeña al grado que la presidenta Claudia Sheinbaum pueda cumplir su promesa de tener todo arreglado en 2027. 

Ojalá que así sea. 

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