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Reabre estética del Senado en silencio y termina clausurada tras salir a la luz 

por Staff Sergio Valle

La reapertura discreta de una estética dentro del Senado de la República desató nuevamente el debate sobre los límites de la austeridad y los privilegios en el Poder Legislativo.  

Seis años después de que fuera cerrada por considerarse un gasto innecesario, el espacio volvió a operar en el complejo legislativo de Reforma e Insurgentes, aunque su funcionamiento quedó al descubierto apenas esta semana… y duró poco. 

El salón, ubicado en el segundo piso del recinto, llevaba más de un año en operación sin anuncios visibles ni información pública sobre sus servicios.  

A simple vista, el lugar parecía una oficina más: una placa blanca sin referencias y una puerta cerrada al tránsito general.  

Dentro, sin embargo, funcionaba como una estética convencional, con sillas, espejos, área de lavado y equipo de maquillaje y peinado. 

Cuestionada por medios de comunicación, la presidenta de la Mesa Directiva, Laura Itzel Castillo, rechazó que se tratara de un privilegio financiado con recursos públicos.  

Aseguró que el servicio era cubierto directamente por las senadoras que lo utilizaban y que no existía pago alguno por parte del Senado para peinados, maquillaje o estilizado. 

Pese a estas declaraciones, minutos después de la atención a medios, personal de resguardo colocó sellos de clausura en el acceso al local, sin ofrecer una explicación oficial sobre la medida. 

De acuerdo con versiones internas, el espacio era utilizado únicamente por senadoras de Morena, Partido Verde y Partido del Trabajo.  

Legisladoras de oposición afirmaron no tener conocimiento de la existencia del lugar ni de la posibilidad de acceder a este tipo de servicio dentro del recinto parlamentario. 

Fuentes legislativas señalaron a la senadora Andrea Chávez como impulsora de la reapertura, versión que fue negada tanto por la legisladora chihuahuense como por la propia Laura Itzel Castillo, quien insistió en que se trató de una solicitud colectiva de las senadoras. 

La presidenta del Senado defendió también la labor de la persona encargada del lugar y la necesidad de que quienes acuden a tribuna mantengan una imagen adecuada durante las sesiones.  

El salón operaba principalmente los días de pleno, en un horario matutino, aunque no contaba con una lista pública de precios. 

El antecedente no es menor. En 2018, con el inicio de la llamada Cuarta Transformación, la estética fue cerrada por considerarse ostentosa y contraria a los principios de austeridad.  

Años antes, información obtenida vía transparencia reveló que en 2014 el Senado destinaba cerca de 88 mil pesos mensuales para el pago de personal bajo el esquema de honorarios en la estética y peluquería. 

En aquel entonces, el cierre fue presentado como el fin de los privilegios en la Cámara Alta.  

Hoy, la reapertura silenciosa y su rápida clausura tras el ruido mediático vuelven a colocar al Senado en el centro de la discusión pública, donde la imagen, la austeridad y la congruencia política chocan una vez más. 

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