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Crisis de aprendizaje según el Banco Mundial 2022

por German Lohr Granich

Por Germán Lohr

Me llega un reporte del Banco Mundial que trata del ámbito de la educación y la crisis del aprendizaje o retroceso escolar, producto de la pandemia de Covid-19 que, como ya sabemos, implicó el cierre de escuelas a nivel mundial.

Este análisis refleja la enorme cantidad de horas perdidas en materia presencial empezando con el pico de la pandemia en abril de 2020, cuando más de mil 600 millones de niños en 188 países no tuvieron clase, mínimo, durante ese año.

Poco a poco, destaca el estudio, se fueron restableciendo las clases en unas regiones del mundo más rápido que en otras, tal es el caso de Europa, Asia y la América del Norte en comparación con la América Latina y el Caribe.

Pero bueno, lo que deseo resaltar es el retroceso que sigue entre nosotros ya que -para variar- siguió profundizándose en estos años post-Covid.

Por esta causa que no es la única, en México 70% de los alumnos de 10 años no pueden comprender un texto sencillo, cifra que aumenta en 15 puntos porcentuales en el nivel socioeconómico alto, elevándose a 25% en el de bajos ingresos.

Esta crisis de los sistemas educativos en parte se debe a la perdida de aprendizaje detectada durante la pandemia al mantener cerradas las escuelas; sumándose, por si esto fuera poco, el olvido del aprendizaje adquirido.

El punto es que, de no hacerse algo señala el Banco Mundial, se pone en riesgo el aprendizaje futuro de los alumnos; lo que debe preocupar a propios y extraños, particularmente al gobierno de la 4T.

En la América Latina, alrededor de 170 millones se vieron afectados con el cierre de escuelas y muchos alumnos corren el riesgo de abandonar sus estudios debido a los retrasos en el ámbito académico, lo que provoca echarle más fuego a la hoguera de la deserción escolar, aun haciendo el esfuerzo de pasarlos de año.

Sean peras o manzanas, hay que revertir el déficit de aprendizaje de la pandemia y vale la pena revisar la evidencia científica que arrojan estos estudios por países; puesto que ya es hora de que en los dos años que restan del sexenio se apoye en serio la educación.

A nivel global se habla de gestar un compromiso de gran escala para recuperar -digamos- literariamente el tiempo perdido con metas ambiciosas y realistas sustentadas en la evidencia científica.

Ya la Unesco, por medio de su instituto estadístico, dio pasos importantes con el establecimiento de los mínimos de competencias que permiten a países compararse en materia de aprendizaje.

Al igual que la OCDE con las famosas pruebas para medir lectura y comprensión o matemáticas, es un buen momento para conocer a detalle los impactos de la pandemia y cómo salir mejor librados en el menor tiempo posible.

Con base en el reporte, ya hay informes de resultados acerca de la eficacia de la educación a distancia y la importancia de la híbrida ya que existen números recientes que vale la pena conocer y valorar.

Están -por ejemplo- las experiencias recientes de países como la India con la introducción de las pruebas de evaluación periódica cuya plataforma permite monitorear resultados de maestros y alumnos en tiempo real.

Otras más que sirven como evidencias son las relacionadas con la vinculación académica y la travesía por el mundo laboral que no tiene desperdicio.

Vaya, que no investiga el que no quiere con tanta información de este y otros reportes, por lo que hay que estar atentos a verificar las pretensiones de la nueva Secretaria de Educación en México y a las próximas campañas que están cerca.

He dixi

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