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T-MEC, lo que Sonora se juega en Washington

por Víctor Hugo Celaya

Por Victor Hugo Celaya Celaya

El primero de julio deja de ser una fecha en el calendario y se convierte en una definición. Ese día los gobiernos de México, Estados Unidos y Canadá entregan su postura formal sobre el futuro del T-MEC, y la disyuntiva ya está planteada: extender el tratado dieciséis años, hasta 2036, o conservarlo bajo revisiones periódicas cada diez años. Hace nueve meses escribí que llegábamos a la hora de las definiciones.

Esa hora llegó, y conviene mirarla con frialdad, porque pocos estados del país tienen tanto en juego como Sonora.

La diferencia entre las dos opciones parece un asunto técnico, pero define el clima de inversión de toda una década. Una extensión larga ofrece certidumbre, y la certidumbre es la materia prima que busca cualquier empresa antes de comprometer capital a quince o veinte años.

Un esquema de revisiones cada diez años mantiene abierta la puerta a la renegociación permanente, y esa puerta abierta cuesta dinero. El inversionista que no sabe bajo qué reglas operará en 2031 prefiere esperar, y mientras espera, el capital se acomoda en otra parte del mundo.

Las reglas de origen, el verdadero campo de batalla

El verdadero campo de batalla está en las reglas de origen. Estados Unidos llega a la revisión decidido a endurecerlas, sobre todo en la industria automotriz, donde hoy se exige un contenido regional de 75% para que un vehículo cruce la frontera sin aranceles. Elevar ese umbral, o estrechar la definición de lo que cuenta como contenido regional, cambiaría de raíz la ecuación de costos de las plantas instaladas en México.

No se trata de un ajuste contable menor; se trata de qué se produce, dónde se compra cada autoparte y cuántos empleos sobreviven a ese cálculo.

Sonora, en el centro del tablero

Aquí es donde Sonora entra de lleno. El estado cerró 2025 con exportaciones por veintiocho mil seiscientos millones de dólares, un máximo histórico, y la industria automotriz es su principal motor. La planta de Ford en Hermosillo, que produce el Bronco Sport y la Maverick, sostiene cerca de cinco mil ochocientos empleos directos en tres turnos y proyecta superar las trescientas sesenta y dos mil unidades este año, después de cerrar 2025 como su segundo mejor año de producción. Alrededor de esa planta gira un clúster de proveedores que genera más de cien mil empleos directos e indirectos en el estado.

Esa cadena existe, en buena medida, porque la armadora trasladó producción a Hermosillo con componentes de Estados Unidos y Canadá precisamente para cumplir las reglas del tratado. Cada decisión sobre contenido regional automotriz se siente, tarde o temprano, en esos hogares.

La otra cara de Sonora es la maquila de la frontera, y ahí la señal de alarma ya suena. El empleo en las plantas del programa IMMEX encadenó en abril su cuarto mes consecutivo a la baja, con una caída anual de 1.6% a nivel nacional. Nogales, que depende en un sesenta y cinco por ciento de la industria maquiladora, vive esa contracción con especial crudeza, y la propia industria atribuye buena parte del freno a la incertidumbre sobre el tratado.

Ya lo documenté hace unas semanas al escribir sobre la frontera que pierde empleo: la frontera sigue exportando, pero dejó de generar los empleos que prometía. La incertidumbre comercial no es una abstracción de política exterior; es una vacante que no se abre y un turno que no se contrata.

El golpe se concentra en la frontera por una razón estructural. Sonora construyó su vocación exportadora sobre la cercanía con el mercado más grande del mundo, y esa cercanía, que durante tres décadas fue su mayor ventaja, también la vuelve la más expuesta cuando las reglas del intercambio se ponen en duda.

El norte del estado integró sus parques industriales a las cadenas de valor de Arizona, California y Texas; el sur agrícola colocó su tomate, su uva de mesa y su carne en los anaqueles estadounidenses.

Cuando Washington endurece una regla o impone un arancel unilateral, como ya ocurrió con el tomate mexicano, el costo no lo absorbe una hoja de cálculo en la Ciudad de México, lo absorbe un productor de Caborca o un operador de Nogales.

Tres variables para las próximas semanas

Conviene fijar la mirada en tres variables durante las próximas semanas. La primera es el umbral de contenido regional automotriz, porque define la viabilidad de plantas como la de Hermosillo y de toda su red de proveedores. La segunda es el horizonte de vigencia, porque de él depende que una empresa decida instalar una línea nueva en territorio sonorense o llevarla a Brasil o al sudeste asiático. La tercera es la energía, ya que ningún beneficio del nearshoring aterriza en una frontera sin electricidad suficiente para soportarlo, un punto que también señalé al analizar el apagón del nearshoring.

Estas tres variables, y no los discursos, decidirán si Sonora gana o pierde con esta revisión.

Nuestros socios comerciales no llegan a la mesa a improvisar. Sus posturas son el resultado de un análisis permanente, sector por sector, producto por producto, sostenido por equipos técnicos que no cambian con cada ciclo político.

Quienes acompañamos la construcción del primer tratado aprendimos una lección que no ha perdido vigencia: el comercio no se defiende con buena voluntad, se defiende con datos, con capacidad técnica y con representación real de cada sector productivo. La diferencia entre una negociación exitosa y una concesión costosa rara vez está en la retórica de los discursos; está en la calidad del expediente que cada país pone sobre la mesa.

Sonora aporta a México una frontera más extensa que la de cualquier otro estado, salida al Pacífico y una industria automotriz que compite a escala mundial. Llega a esta cita con activos enormes y con vulnerabilidades del mismo tamaño.

La decisión que se tome en julio no se quedará en la sala de negociación de Washington; se va a sentir, durante los próximos diez años, en las líneas de producción de Hermosillo y en las naves industriales de Nogales. Esa es la verdadera dimensión de lo que está en juego, y merece atención a la altura de las cifras que mueve.

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